Del dicho al hecho…

Conducía  apurada (como siempre),  y  como las luces  del vehículo  al cual me acercaba  parpadeaban señalando un giro a la derecha,  aceleré con confianza.  Error. No se estaba moviendo hacia la derecha como seguían indicando sus luces, sino hacia la izquierda,  es decir, a mi carril.  Lo  esquivé rápidamente y seguí mi camino.

Pero una palabra voló a mi mente. Coherencia. “Coincidencia  o correlación entre una cosa y otra”, según el diccionario.  Nada más ni nada menos, que si mi luz indica la derecha, no aparezca por la izquierda. Simple.

La coherencia es  indispensable en nuestra vida integral, no sólo al conducir.  Generalmente, se produce un bache entre la dirección que anunciamos y los movimientos que hacemos. Entre lo que hablamos y lo que vivimos. Entre lo que exigimos de otros  y lo que cumplimos.

Nuestra incoherencia  en ciertas  áreas  causa sorpresa primero,  pero luego genera  frustración, enojo o temor en la gente alrededor. Los que nos siguen (llámese hijos, cónyuges, amigos, empleados, colegas, etc.),  perciben exigencias mayores a causa de nuestra incoherencia. Supongo que de este rasgo tan humano surgió ese refrán conocido: «del dicho al hecho, hay mucho trecho.» Tal cual.

Así como la coherencia es un rasgo fundamental en el verdadero liderazgo, la incoherencia detiene y bloquea la liberación de todo nuestro potencial como líderes.

A los incoherentes se los sigue por obligación; a los coherentes por buena voluntad.

A los incoherentes se los aguanta y acompaña; a los coherentes se los toma como ejemplo y se los emula.

A los incoherentes se los excusa; a los coherentes se les confía.

A los incoherentes se los quiere; a los coherentes se los admira.

¿Dónde y cuándo solemos ser incoherentes?

. Decimos una cosa y hacemos otra.

. Defendemos principios en público, y los quebrantamos en privado.

. Somos exigentes con otros, y benevolentes con nosotros.

. “Crucificamos” a otros por sus errores, y pasamos por alto los nuestros.

. Exigimos a otros,  lo que no estamos dispuestos a dar.

Analicemos cómo andamos en coherencia en las diferentes áreas de nuestra vida. Si decimos que giramos a la derecha, no aparezcamos por la izquierda.  Recorramos la distancia entre lo que creemos y lo que vivimos; lo que pensamos y lo que hablamos; lo que pedimos y lo que damos; lo que soñamos y lo que decidimos.

Isabel de Justiniano

 

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