Cuando lo nuevo no armoniza con lo viejo

Aclaro. Me encanta lo  viejo: un adorno con historia,  la joya  de la abuela,  o ese momento  romántico  congelado  en la memoria. Pero también tengo  algo  con lo nuevo: en especial una prenda, un par de zapatos, o un buen libro.

Existe una tensión natural entre lo nuevo y lo viejo en el corazón. Pensamos en el futuro y anhelamos lo nuevo; miramos al presente y honramos lo viejo, porque es lo que nos trajo aquí.

¿No podemos tener lo mejor de los dos mundos?  A veces funciona. En la sinergia entre esa vieja metodología y una creativa idea juvenil.  En un outfit super actual que con un accesorio de la temporada pasada,  luce genial. Cuando reciclamos algo y le damos un inesperado  nuevo uso. Al hacer las paces con el pasado, apreciando y usando esas enseñanzas tan valiosas a favor del futuro.

Pero hay combinaciones que no funcionan. Cuando lo viejo no armoniza con lo nuevo, es un error tratar de tener las dos cosas. Imagine un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, o uno de tela vieja en una prenda nueva. Simplemente no va.

No coloquemos en este año nuevo un “remiendo” del año viejo.                                                                            
No retengamos lo que hay que soltar. No mantengamos lo que no funciona. No sostengamos lo que es ajeno a la vida que anhelamos. No estrenemos este año usándolo como el viejo.

Tampoco reeditemos ahora el año viejo  poniéndole un “remiendo” nuevo. Mejor todo nuevo. Una nueva vida. Nuevos hábitos mentales y emocionales. Nueva y clara perspectiva.  Nuevo comportamiento. Nuevos desafíos.

Las experiencias están, es innegable.  Suman y multiplican siempre, pero también les restan a los que no aprenden  nada, o a quiénes las usan como excusa porque no quieren cambiar, o a quiénes prefieren gastar energía en cambios ajenos.   Por lo tanto, no vivamos como si no hubiéramos aprendido. No vivamos como si no hubiéramos crecido. Como si no necesitáramos cambiar. Conciente  y consistentemente asumamos el cambio, anunque duela, y decidamos ese giro de 360 grados.

“Nadie remienda un vestido viejo con un retazo de tela nueva,  porque el remiendo fruncirá el vestido y la rotura se hará peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos.  De hacerlo así,  se reventarán los odres,  se derramará el vino y los odres se arruinarán.  Más bien,  el vino nuevo se echa en odres nuevos,  y así ambos se conservan.” (Mateo 9:16-17)

No mezcle. No negocie. No acomode. No contemporice. No justifique. No “remiende.” Rompa con lo viejo. ¿Quiere recibir lo nuevo? Podrá contenerlo, cuándo sea alguien nuevo. Lo nuevo combina con lo nuevo.

Aceptemos el desafío.

¡Bienvenido Año Nuevo! ¡Bienvenida Isabel Nueva!

 

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